El lado no contado de la Segunda Ola del feminismo: Un movimiento multinacional y políticamente diverso

Mar 27, 2023

Nota del equipo editorial: Este artículo apareció originalmente como el capítulo siete del libro Women Fight Back: The Centuries-Long Struggle for Liberation de Donna Goodman, publicado a través de Liberation Media y disponible para compra aquí. Liberation School tiene una guía de estudio y discusión para el libro disponible aquí. Esta es una traducción del artículo “The Untold Side of Side of Second-Wave Feminism”, puede encontrar la versión original aquí.

Durante la década de 1960 hubo rebeliones y levantamientos que duraron hasta mediados de la década de 1970 que resultaron en el derrocamiento de la segregación formal, el surgimiento de un movimiento antiguerra formidable, el impacto duradero del movimiento por la liberación de la mujer y el fin de muchas convenciones culturales conservadoras anticuadas. Las décadas de reacción derechista y neoliberal, que comenzaron a finales de la década de 1970, revirtieron muchos, pero ciertamente no todos, estos avances progresistas.

Los estudiantes negros de la universidad A&T State University en Greensboro, Carolina del Norte, iniciaron los años sesenta con una sentada en Woolworths el 20 de febrero de 1960 que galvanizó a la nación. Las protestas se extendieron a Chattanooga, Nashville, y a otras ciudades. El ritmo se aceleró el año siguiente con los primeros “Freedom Rides”, viajes en autobús llevados a cabo por activistas para protestar contra la segregación racial en el transporte interestatal del Sur iniciados por el Congress of Racial Equality (CORE). Los pasajeros blancos y negros no violentos se enfrentaron a una ferocidad horrible y a odio racista en prácticamente todas las paradas.

Los movimientos negros liderados por Martin Luther King Jr., Malcolm X, las Panteras Negras, los militantes sindicales negros de clase trabajadora y otros lucharon por la libertad y la igualdad a lo largo de la década, logrando importantes avances en casi todos los ámbitos.

A medida que continuaba la lucha por los derechos civiles y la libertad de los negros, electorados agraviados o radicales, uno tras otro, levantaron sus propias banderas de oposición para cambiar el estatus quo en los Estados Unidos: la oposición a la guerra de Vietnam; el movimiento estudiantil y la Nueva Izquierda; la amplia contracultura que arrasó con muchas convenciones culturales anticuadas; grupos socialistas y comunistas que se fortalecieron, incluido el movimiento maoísta relativamente nuevo; el movimiento LGBTQ; la militancia laboral de base; los movimientos chicanos, puertorriqueños, nativo americanos y asiáticos; y, por supuesto, el bullicioso movimiento por la igualdad de las mujeres que buscaba el derrocamiento de la dominación masculina. Todas estas tendencias crecieron en medio de confrontaciones callejeras masivas, acciones directas y un espíritu de resistencia más amplio que se cruzaron entre sí desde mediados de los años 60 y siguieron siendo una fuerza extremadamente poderosa durante la próxima década.

Las activistas feministas Bella Abzug y Dagmar Wilson fundaron Women Strike for Peace en 1961, en oposición a la proliferación nuclear. La primera acción importante del grupo el 1 de noviembre de ese año consistió en protestas contra las armas nucleares en 60 ciudades por parte de unas 50,000 mujeres, principalmente de clase media. Esta acción y otras marchas, piquetes y sentadas tenían como objetivo presionar a los EE. UU. y a la Unión Soviética a que firmaran el tratado de no proliferación nuclear. Durante la Guerra de Vietnam, Women Strike for Peace también inició programas de asesoramiento contra el reclutamiento.

Los movimientos de masas se reforzaron mutuamente. Algunos activistas pasaron de un tema a otro, y los que alguna vez estuvieron en los márgenes se unieron. Varias mujeres líderes adquirieron experiencia en los primeros años de la lucha por los derechos civiles y llevaron ese conocimiento al levantamiento de las mujeres. La existencia de varios movimientos a la vez realzó a todos los otros, y cada uno tendió a apoyar al otro. De alguna manera, mientras diferentes grupos y coaliciones se enfocaban en diferentes temas, en términos humanos, los movimientos estaban todos entrelazados y los participantes se consideraban parte del “Movimiento”. Todos se opusieron a la guerra de EE. UU. en Vietnam, lo que convirtió a ese movimiento en el movimiento de paz más poderoso en la historia del país. Las mujeres constituían al menos la mitad de los muchos millones que se opusieron a la Guerra de Vietnam.

Para cuando esta era extraordinaria se disipó a mediados de los años 70, cuando el pueblo vietnamita finalmente salió victorioso en la larga guerra contra el imperialismo japonés, luego francés y luego estadounidense, todos estos movimientos habían creado un ambiente radical único en los EE. UU. que produjo una serie de importantes avances políticos y sociales.

El movimiento de las mujeres

La publicación del superventas de Betty Friedan de 1963, The Feminine Mystique, ayudó a estimular la Segunda Ola al iluminar la insatisfacción en gran parte oculta de las mujeres con el trabajo pesado y el aislamiento de las tareas domésticas a tiempo completo, el cuidado de los niños, las compras, etc., en hogares dominados por hombres donde la mujer era un ama de casa no remunerada. Aunque el libro ha sido criticado por su enfoque en la clase media blanca, desempeñó sin embargo un papel importante en la difusión de la conciencia feminista y le abrió los ojos a millones de amas de casa a una frustración prácticamente no identificada, el “problema que no tiene nombre”. Friedan escribió:

Cada esposa suburbana lucha sola con eso. Mientras hace las camas, compra los comestibles, combina cubre camas, come sándwiches de mantequilla de maní con sus hijos, lleva a Cub Scouts y Brownies a sus actividades, se acuesta junto a su esposo por la noche, y tiene miedo de hacerse la pregunta que no se atreve a decir en voz alta: “¿Esto es todo?” [1].

Escribiendo en el Huffington Post 50 años después de su publicación, el profesor Peter Dreier declaró que el libro “cambió para siempre las actitudes de los estadounidenses sobre el rol de la mujer en la sociedad”.

Al igual que muchos izquierdistas que atravesaron el anticomunismo histérico de la década de 1950, Freidan ocultaba sus influencias ideológicas de izquierda. Fue periodista laboral de uno de los mejores sindicatos de izquierda, United Electrical Workers (UE), una organización que fue expulsada del Congress of Industrial Organizations (CIO) a finales de la década de 1940 debido a la oposición gubernamental y sindical de derecha a los sindicatos y miembros sindicales izquierdistas y “rojos”. Freidan negó haber sido miembro del Partido Comunista, aunque está claro que simpatizaba con fuertes objetivos de izquierda.

Es importante señalar que la mayoría de las mujeres trabajadoras en esos años querían más tiempo en casa con sus hijos y veían la vida de las amas de casa como privilegiada. Las mujeres de clase trabajadora enfrentaban discrimen en el lugar de trabajo y sufrían la falta de beneficios familiares que les hubieran permitido mantener un trabajo de tiempo completo sin causarle grandes dificultades a sus familias. Además, las decisiones de contratación estaban completamente segregadas por género y raza, hasta los tipos de anuncios de trabajo que aparecían en los periódicos: “Se busca ayuda masculina” o “Se busca ayuda femenina”. Los trabajos asignados a las mujeres ofrecían salarios más bajos y muchas menos oportunidades de ascenso.

Una vez contratadas, las mujeres no solo tenían que lidiar con salarios discriminatorios, sino también con la falta de licencia de maternidad, cuidado de niños y otros servicios familiares que se estaban convirtiendo en la norma en las sociedades socialdemócratas de Europa. El cuidado de niños, que había sido proporcionado por el Estado para las trabajadoras de la industria de defensa, fue eliminado después de la guerra. La pérdida de este beneficio esencial fue un factor que sacó a las trabajadoras de la posguerra de la fuerza laboral al hogar. La mayoría de estos servicios sociales continúan siendo retenidos por el gobierno de los EE. UU., que se niega a aumentarle los impuestos a los ricos para pagar por dichos programas, o a recortar el gigantesco presupuesto militar.

Las mujeres negras, que se concentraban en ocupaciones agrícolas y domésticas, sufrieron la discriminación adicional y las dificultades resultantes de haber sido excluidas del Seguro Social. (Su exclusión había sido una de las condiciones exigidas por los legisladores del Sur a cambio de votar por la legislación del New Deal.) Muchas de las exclusiones terminaron en la década de 1950.

No todas las mujeres de la época estuvieron de acuerdo con el movimiento. Muchas preferían el papel de ama de casa. Era tradicional, podía tener sus recompensas, y estaba en sintonía con la ideología dominante transmitida a través del Estado, la Iglesia y los medios de comunicación. Hoy en día, por razones financieras, muchas menos mujeres están en condiciones de elegir si trabajar o no, y muchas menos prefieren quedarse en casa, gracias a los cambios culturales y los avances en la fuerza laboral que se remontan a los logros del período de la Segunda Ola.

Los logros de la Segunda Ola fueron significativos y de gran alcance. Los cambios que beneficiaron a las mujeres impactaron profundamente a la sociedad, y fueron provocados por un movimiento feminista masivo e independiente, que ocurrió tanto dentro como fuera del sistema electoral e independientemente de los principales partidos políticos. Las tácticas principales del movimiento fueron las manifestaciones callejeras, las acciones directas y el levantamiento de consciencia de pequeños grupos, así como la organización comunitaria de base y las intervenciones contra los medios de comunicación, la cultura popular y los tribunales. Las ideas feministas fluyeron hacia la corriente principal, a medida que las mujeres vieron avances en la ley y las políticas públicas, la vida privada y la cultura popular.

La Segunda Ola del feminismo fue un verdadero movimiento de masas que incluyó a mujeres de todos los orígenes y comunidades oprimidas, así como de orígenes políticos, desde liberales hasta comunistas. El gran segmento blanco de clase media tuvo el alcance más amplio en los medios de comunicación y el público en general, y continúa recibiendo mucha más visibilidad en las presentaciones históricas de la época en películas y trabajos académicos. Desafortunadamente, esto ha dejado una imagen algo distorsionada en la mente de muchos de los activistas de hoy, que desconocen que existía un sector de izquierda y revolucionario tan grande.

Esta es una mirada a la actividad y los objetivos de algunos de los sectores que estuvieron activos en los años sesenta y setenta, y que tuvieron una influencia continua en las décadas siguientes.

El feminismo liberal

El feminismo liberal surgió del histórico movimiento por los derechos de las mujeres. Consistía en gran parte en mujeres blancas de clase media, incluido un sector profesional que le exigía a las instituciones federales y estatales que pusieran fin a la discriminación que experimentaban las mujeres en la fuerza laboral. Estas mujeres también tendían a ser madres casadas, y sus demandas reflejaban las experiencias y la insatisfacción de muchas amas de casa [2].

El objetivo de esta corriente era abrir el sistema político y económico existente a las mujeres y lograr la igualdad política, jurídica y social con los hombres. La vida política de las activistas se centró en los partidos políticos, los sindicatos y otras instituciones donde participaron en la construcción de coaliciones, la política electoral y la organización sindical, mientras trabajaban con aliados hombres. No desafiaron el sistema capitalista y buscaron reformas desde adentro.

A medida que esta corriente crecía, desarrolló vínculos más estrechos con el Partido Demócrata y enfatizó el cabildeo y la política electoral como estrategias políticas primarias. El Partido Demócrata, a su vez, hizo espacio para absorber estos elementos en su maquinaria partidaria como un nuevo electorado leal e influyente. Las feministas liberales lideraron y continúan liderando campañas por cambios legislativos y políticos importantes.

El gobierno federal comenzó a prestar nueva atención a los problemas de la igualdad de las mujeres a principios de la década de 1960, gracias a la presión ejercida por las activistas y la creciente visibilidad y los éxitos del movimiento de derechos civiles. La Oficina de la Mujer de los Estados Unidos instó al Presidente John F. Kennedy a crear la Comisión Presidencial sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer. El Presidente estableció la comisión en 1961 y asignó a Eleanor Roosevelt para presidirla. En base a las recomendaciones de la Comisión, en 1962, el Presidente Kennedy le ordenó a las agencias del gobierno federal que dejaran de discriminar contra las empleadas [3].

El primer informe de la Comisión, llamado “Mujeres estadounidenses” y publicado en 1963, contenía algunas recomendaciones progresistas que se han promulgado desde entonces, como prácticas de empleo más equitativas, trato legal y derechos de propiedad para las mujeres. Pero medio siglo después, muchas de las reformas fundamentales que la Comisión recomendó aún no se han realizado, incluida la equidad salarial en todas las ocupaciones y la ampliación de los servicios para las mujeres trabajadoras, como la licencia de maternidad remunerada, los servicios a domicilio para las madres trabajadoras y el cuidado de los niños.

El informe también abordó la opresión causada por la pobreza y el racismo, así como la inequidad de género, y señaló que la discriminación racial que privaba a los hombres negros de oportunidades de empleo había creado responsabilidades económicas adicionales para las mujeres: “Estas mujeres tienen el doble de probabilidades que otras mujeres de tener que buscar empleo mientras tienen niños de edad preescolar en sus hogares; recién están comenzando a ingresar a los campos en expansión del empleo administrativo y comercial; excepto por las pocas que pueden calificar como maestras u otras profesionales, se ven obligadas a realizar ocupaciones de servicio mal remuneradas”. El informe señaló las situaciones similares y la discriminación que enfrentan las nativas americanas y las latinas.

La National Organization for Women

La manifestación popular más importante del feminismo liberal fue y es la National Organization for Women (NOW), que se convirtió en la organización feminista de masas de membresía más grande del país, actualmente con medio millón de miembros [4]. NOW fue fundada en 1966 por activistas feministas, con Betty Friedan como presidenta, en parte en respuesta al hecho de que el Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964, que prohibía la discriminación en el empleo, no se aplicaba de manera consistente. De acuerdo con su declaración de propósito, la organización tenía la intención de “Tomar medidas para lograr que las mujeres participen plenamente en la corriente principal de la sociedad estadounidense ahora, ejerciendo todos los privilegios y responsabilidades de los mismos en una asociación verdaderamente igualitaria con los hombres”. La declaración criticó a la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo por no tomar suficientemente en serio la discriminación que enfrentaban las mujeres y la doble discriminación que sufrían las mujeres negras.

La organización asumió los problemas legales de la discriminación salarial; la escasez de mujeres en el campo profesional, el gobierno y la educación superior. También destacó la necesidad de una política que estuviera al día con las realidades cambiantes en la estructura de la familia: las mujeres se oponían a su posición desigual en el matrimonio. Además, estaban viviendo más allá de los años de crianza de sus hijos, eliminando así una razón importante para limitarlas al ámbito del hogar.

En sus primeros años, el liderazgo de NOW era hostil a las activistas y a los temas lésbicos, y tenía una posición débil sobre el derecho al aborto. La propia Friedan hizo declaraciones contra la “amenaza lésbica”. Las luchas internas llevaron al grupo a volverse más inclusivo con el tiempo, de modo que, en 1971, en medio de la explosión del movimiento de liberación de lesbianas y gays y el crecimiento del feminismo radical, empezó a aceptar a las mujeres lesbianas y su causa, y apoyó fuertemente el derecho al aborto.

La declaración de derechos de NOW, aprobada en 1967, pedía la aplicación de leyes que prohibieran la discriminación sexual; los derechos de licencia por maternidad en el empleo y en los beneficios del seguro social; deducciones fiscales para gastos del hogar y cuidado infantil para padres que trabajan; centros de cuidado infantil; educación igualitaria e integrada; igualdad de oportunidades para capacitación laboral y vivienda, y subsidios familiares para mujeres pobres. Ese año,  NOW también respaldó la legalización del aborto.

Aunque la mayoría de sus miembros eran blancas, NOW se integró racialmente desde el principio, y algunos de sus miembros fundadoras eran veteranas del movimiento de derechos civiles que vieron la necesidad de abordar la discriminación por motivos de raza y género al mismo tiempo. Pauli Murray, trabajadora de derechos civiles, abogada, activista feminista, y la primera mujer negra en ser ordenada como sacerdote episcopal, escribió:

La mujer negra ya no puede posponer o subordenar la lucha contra el discrimen por motivos de sexo en la lucha por los derechos civiles, sino que debe llevar a cabo ambas luchas simultáneamente. Debe insistir en un papel de asociación con el movimiento de integración [5].

NOW tenía estrechos vínculos con los principales sindicatos, y durante su primer año su oficina estuvo en la Casa Solidaria de United Auto Workers (UAW) en Detroit. El UAW también contribuyó con apoyo financiero para lanzar la organización. Entre los miembros fundadores de NOW se encontraban miembros del UAW, CWA y United Packing House Workers, incluida Addie Wyatt, fundadora de Coalition for Labor Union Women (CLUW).

NOW participó en acciones callejeras, demandas, boicots, cabildeo y campañas electorales. Las campañas de peticiones contra la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo, apoyadas por sentadas en las oficinas de campo de la agencia, ayudaron a poner fin a los anuncios de trabajo segregados por sexo.

La organización también llevó a cabo una fuerte campaña en 1972 para la candidatura presidencial de Shirley Chisholm, miembro de NOW y la primera mujer afroamericana electa para la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Chisholm escribió en 1970: “La discriminación más dura que he enfrentado en la política es el antifeminismo, tanto de hombres como de mujeres Tío Tom con cerebros lavados. Cuando anuncié por primera vez que me postulaba para el Congreso de los Estados Unidos, tanto hombres como mujeres me aconsejaron, como lo habían hecho cuando me postulé para la Legislatura del Estado de Nueva York, volver a la enseñanza, la vocación de una mujer, y que le dejara la política a los hombres” [6].

Otros proyectos feministas liberales

La revista Ms. Magazine fue una manifestación importante del auge y el impacto del feminismo liberal. La publicación fue fundada por Gloria Steinem y otras en 1972 con el objetivo de promover el feminismo sin tener que comprometerse con la gestión de publicistas y editores antimujeres.

Steinem era una periodista y activista feminista que había ganado reconocimiento trabajando encubierta en un club de la revista Playboy y escribiendo sobre las condiciones injustas que soportaban las conejitas de Playboy. Fue cofundadora de Women’s Action Alliance, Coalition of Labor Union Women y Choice USA, entre otras organizaciones. La revista fue criticada por feministas radicales por trabajar dentro del mundo editorial tradicional, con mujeres profesionales de clase media, en su mayoría blancas y heterosexuales, y por promover a Steinem como portavoz del movimiento. No obstante, Ms. Magazine introdujo varias ideas feministas en la corriente popular, discutiendo abiertamente, por ejemplo, la sexualidad de las mujeres y publicando los nombres y las historias de mujeres que habían abortado, en una revista que estaba en los quioscos de periódicos de todo el país.

En 1967, Steinem admitió que había trabajado con la CIA como activista estudiantil en la década de 1950 y a principios de la de 1960, pero negó las acusaciones de feministas radicales de que continuaba su colaboración. A principios de 2016, Steinem llegó a los titulares por un comentario bastante antifeminista que hizo en una entrevista televisiva en el que dijo que las mujeres jóvenes solo apoyaban a Bernie Sanders porque “ahí es donde están los chicos”. Pronto se disculpó y dijo que se había equivocado.

Ms. Magazine ahora se publica trimestralmente, con una tirada de 100,000 ejemplares, por la Feminist Majority Foundation (FMF), otro grupo liberal. Su cofundadora, Eleanor Smeal, fue presidenta de NOW. Cuando se fundó la FMF, en 1987, las encuestas de opinión mostraban que el 56% de las mujeres estadounidenses se consideraban feministas. La organización lleva a cabo programas de investigación, educación y capacitación para influir la política pública y apoya el activismo de base y estudiantil para la igualdad de las mujeres, la salud reproductiva, la justicia social y la no violencia. También apoya los derechos sindicales de los trabajadores, la equidad salarial y el fin de las fábricas de explotación.

La FMF generalmente apoya al Partido Demócrata, interviene en el proceso electoral y respalda las políticas y la legislación liberal a favor de las mujeres. También ha establecido una red nacional de afiliados universitarios para promover su perspectiva y estrategia feminista liberal [7].

Otro grupo liberal importante, todavía activo hoy, es el National Women’s Political Caucus  [NWPC por sus siglas en inglés], fundado en 1971 por Gloria Steinem y otros para ayudar a elegir mujeres para cargos públicos. Dirigiéndose a la reunión de fundación del NWPC, Steinem dijo: “Esta no es una reforma simple. Realmente es una revolución. El sexo y la raza, debido a que son diferencias fácilmente visibles, han sido las principales formas de organizar a los seres humanos en grupos superiores e inferiores, y en la mano de obra barata de la que aún depende este sistema. Estamos hablando de una sociedad en la que no habrá más roles que los elegidos o los ganados. Realmente estamos hablando de humanismo.

Si bien las feministas liberales ocasionalmente usaron este tipo de retórica radical para referirse a la igualdad social amplia —incluso la revolución— como hemos expuesto anteriormente, su ideología y programa tenían una orientación sólidamente reformista. Otras tendencias criticaron los horizontes limitados de este tipo de feminismo y se convirtieron en fuerzas significativas en los recintos universitarios a nivel de base.

El feminismo radical y la liberación de la mujer

El feminismo radical surgió de varias fuentes, incluido el ala feminista de la Nueva Izquierda a finales de la década de 1960. Era una corriente del movimiento de masas que se desarrolló principalmente por mujeres jóvenes y solteras, muchas de las cuales trabajaban en empleos diurnos mal remunerados para apoyar su trabajo en el movimiento. Muchas también tenían educación universitaria y estaban expuestas a un amplio espectro de ideas y movimientos radicales que se filtraron a los recintos universitarios. Adquirieron su experiencia activista —acción directa, protestas masivas y organización comunitaria— en el movimiento de derechos civiles, especialmente en el Student Nonviolent Coordinating Committee  (SNCC), la organización  New Left of Students for a Democratic Society (SDS) con sede en los recintos universitarios, y en el activismo contra la guerra de Vietnam.

Muchas rechazaron la política electoral como un medio para lograr sus objetivos. Fue esta ala del movimiento feminista la que acuñó la palabra “sexismo” [8]. Las feministas radicales identificaron su movimiento como el de “la liberación de la mujer”, un nombre que finalmente se afianzó en la mente del público para describir el movimiento de las mujeres más amplio.

Debe notarse que, al comienzo de la Segunda Ola a mediados de los años 60, muchos hombres de izquierda en estas diversas organizaciones de los años sesenta, como los mencionados SDS y SNCC, albergaban actitudes patriarcales hacia las mujeres del movimiento, y las menospreciaban y se burlaban de sus demandas de igualdad total. Las mujeres no retrocedieron. Construyeron su propio movimiento dinámico y, a finales de la década de 1960, la mayoría de los hombres izquierdistas (aunque no todos) en los diversos componentes del movimiento aceptaron o defendieron la igualdad de las mujeres. Esa fue una gran victoria, una que ha durado en la izquierda política hasta hoy. Aquí hay dos ejemplos de machismo en los años sesenta escritos por mujeres del movimiento:

Lindsey German escribe esta joya en un artículo en la revista Counterfire publicado el 2 de febrero del 2013:

El trasfondo del surgimiento del movimiento de las mujeres en los Estados Unidos a finales de los años 60 fue un nivel de sexismo e indiferencia [dentro de los movimientos] hacia la cuestión de las mujeres que visto ahora es bastante impactante. El movimiento estudiantil estaba bastante desconectado de la Vieja Izquierda… A las mujeres se les dijo que su opresión era de la menor importancia, y se les dijo de la manera más despectiva y elitista. En la National Conference for the New Politics, celebrada en agosto de 1967, donde una minoría radical de mujeres trató de formular demandas sobre la liberación de la mujer, basándose en la política del poder negro, la mayoría de los hombres de la conferencia se burlaron de ellas. Uno de los líderes hombres le dio una palmadita en la cabeza a [la feminista radical] Shulamith Firestone y le dijo: “Muévete, niña; tenemos temas más importantes que hablar aquí que la liberación de las mujeres”. Tales experiencias le dieron forma al primer movimiento de mujeres, que se definió a sí mismo como insatisfecho con el comportamiento de la izquierda masculina.

Frances M. Beal de la organización Third World Women’s Alliance New York  escribió en 1969:

Desafortunadamente, parece haber cierta confusión en el movimiento de hoy en cuanto a quién ha estado oprimiendo a quién. Desde el advenimiento del poder negro, el hombre negro ha ejercido un papel de liderazgo más prominente en nuestra lucha por la justicia en este país. Mayormente, él ve el sistema por lo que realmente es. Pero donde rechaza sus valores y costumbres en muchos temas, cuando se trata de las mujeres, parece tomar sus pautas de las páginas del Ladies Home Journal.

El movimiento por la liberación de la mujer se rebeló contra la subordinación en el movimiento de masas y luchó por la igualdad y el reconocimiento de las preocupaciones de las mujeres dentro del movimiento, así como por los derechos de las mujeres en la sociedad en general. Para ellas, la igualdad con los hombres en una sociedad desigual y racista era un objetivo demasiado pequeño. Rechazaron el estatus y los logros de los hombres como el estándar al que las mujeres deberían aspirar. Abordaron temas relacionados con el trabajo doméstico, las relaciones interpersonales, las relaciones sexuales, la estructura de la familia, así como la desigualdad y la injusticia en el mundo en general.

En una entrevista para este libro, Amy Kesselman, historiadora feminista y miembro fundadora de la Chicago Women’s Liberation Union, recuerda los orígenes de la organización y describe cómo las mujeres se unieron en los primeros años de la liberación de las mujeres:

Nuestro grupo surgió de una conferencia organizada por la National Conference for New Politics en 1967. Se discutió establecer un tercer partido de izquierda, cosa que no se materializó. Un grupo de nosotras comenzamos a hablar sobre los problemas de las mujeres que forman parte de la izquierda y se nos ocurrieron algunas cosas que queríamos incorporar en cualquier documento que surgiera de esa conferencia. Shuli Firestone subió al podio a decir que nos gustaría presentar esto, y le dijeron que tenían cosas más importantes que hacer. Así que comenzamos a unirnos en esta conferencia y se nos ocurrieron un montón de ideas, y poco después formamos un grupo llamado West Side Group. Todas estábamos nos identificábamos con la izquierda y habíamos estado involucradas en los movimientos antiguerra y por los derechos civiles y estábamos llenas de ideas reprimidas…

Cuando estaba activa en el movimiento antiguerra, los hombres de ese movimiento —tuvimos una sentada, y había nueve hombres y yo en el comité directivo— y me sentí trivializada, desafiada e invisible, y creo que muchas se sintieron de esa manera. Se escribieron varias cosas que expresaban esos sentimientos. Así que teníamos mucho que decir. Nos considerábamos absolutamente parte de la izquierda, pero también sentíamos que necesitábamos tener un movimiento de mujeres independiente para poder estar en coaliciones con otros grupos, pero controlaríamos nuestro propio movimiento. Y no todo el mundo estaba de acuerdo…

El grupo escribió una obra de teatro. Íbamos a comenzar un movimiento independiente de mujeres, un sindicato de mujeres en Chicago, y había mujeres de izquierda que estaban en contra de eso y temíamos que subvertirían la conferencia, así que hicimos esta obra para unir a las personas. ¡Y funcionó! Así que comenzamos la Chicago Women’s Liberation Union. Parte de la inspiración para la organización fueron las vietnamitas. Una de las mujeres de nuestro grupo había representado al movimiento por la paz en un viaje a Vietnam y se reunió con las mujeres de una organización de mujeres vietnamitas. Quedó muy impresionada por la importancia que sentían al tener una organización de mujeres independiente. Y ella trajo eso de vuelta.

Sin embargo, cometimos un par de errores. Uno fue que sentimos que era importante, ya que habíamos experimentado que nuestros problemas se trataran como secundarios, centrarnos en los problemas y experiencias de las mujeres. Nos preocupaban las mujeres para quienes la experiencia de ser mujer no era el foco principal. Y creo que no entendíamos cómo otros grupos de mujeres no podían poner el género como primario, cómo tenían que mirar sus identidades a través de la raza y la clase. Así que hablamos mucho sobre querer conectarnos con mujeres afroamericanas y latinas, pero no entendíamos cómo no podían colocar el género por encima de la raza.

El otro error fue que desarrollamos teoría y grupos de concientización basados en nuestra experiencia, que no representaban la experiencia de todos, aunque hablamos de ella como una experiencia universal. Así que aprendimos que no íbamos a poder crear un movimiento inclusivo si insistíamos en que todos pusieran el género en primer plano.

Ciertamente, nos esforzamos mucho por conectarnos con las mujeres de color y siempre vimos la clase como importante, pero sentíamos que la teoría y la práctica que estábamos desarrollando debían incorporarse a una izquierda amplia que abordara los problemas de todos los cuerpos.

A diferencia de las feministas liberales, las feministas radicales creían que solo una transformación total de la sociedad, y no elecciones o reformas dentro del sistema existente, podría lograr una libertad real para las mujeres y garantizar que las diferencias que existían entre mujeres y hombres no condujeran a la opresión.

La tendencia feminista radical en el movimiento por la liberación de la mujer abrió muchas líneas nuevas de investigación teórica, muchas de las cuales fueron bastante provocativas y estimulantes, y ayudaron a poner al descubierto los estereotipos sexistas que impregnaban la sociedad en todos los ámbitos. (9) La académica feminista Christine Stansell escribió: “La liberación de las mujeres generó innumerables puntos de presión de agitación, una miríada de campañas ad hoc para cambiar las costumbres sexuales, los modales, las expectativas de los hombres sobre las mujeres, las expectativas de las mujeres sobre sí mismas y el lenguaje mismo en cuanto al género” [10].

Si bien las feministas radicales tenían puntos de vista diversos entre sí, como tendencia se alejaron del marxismo y el análisis de clases. Al igual que las feministas socialistas y comunistas, creían en la necesidad de un cambio radical de la sociedad, pero veían como su principal enemigo al patriarcado y la supremacía masculina, no el capitalismo, y la opresión de las mujeres como la opresión primaria (en oposición a la explotación de clase o la opresión nacional). Algunas promovieron la opinión de que los hombres habían utilizado principalmente las diferencias biológicas para derrocar el matriarcado e instituir el patriarcado, y esto seguía siendo el núcleo de la opresión de las mujeres.

Entre sus soluciones a la opresión de las mujeres había una corriente que promovía la separación de los hombres. A pesar de los orígenes de esta corriente en la izquierda, un fuerte hilo de anticomunismo, junto con la oposición a los líderes y las formas jerárquicas de organización, se desarrolló dentro de ella.

Las feministas radicales en gran medida tomaron la forma de pequeños colectivos, con dinámicas internas muy intensas que produjeron muchas divisiones y solo unas pocas organizaciones que han sobrevivido hasta el presente.

Al mismo tiempo, su influencia en el pensamiento y la cultura feministas ha sido profundo. Una organizadora y teórica clave en esta tendencia fue Shulamith Firestone (1945-2012). Criada en una familia judía ortodoxa, rompió con su familia para convertirse en pintora y la primera líder del movimiento feminista radical. En 1969 cofundó Redstockings, que llevo a cabo las primeras conferencias públicas sobre el aborto, y más tarde fundó la organización New York Radical Women. Firestone creía que la opresión de las mujeres tenía su base en la biología misma, y que las mujeres no serían verdaderamente liberadas hasta que fueran liberadas del imperativo biológico de dar a luz, para ser reemplazado por la reproducción artificial fuera del útero. Escribió varios libros, el más conocido de los cuales fue The Dialectic of Sex, que afirmaba que el sistema de clases sexuales era la división social primaria. En cierto modo, las divisiones y el fraccionalismo que plagaron el feminismo radical llevaron a la salida de Firestone del movimiento a principios de la década de 1970. Permaneció aislada del movimiento por el resto de su vida y sufrió de esquizofrenia hasta su muerte a los 67 años.

Las feministas marxistas impugnaron ciertos puntos de vista feministas radicales, mientras que a menudo apoyaban sus acciones en nombre de la liberación de la mujer. La principal crítica marxista explicó que era incorrecto sostener que la contradicción fundamental en la sociedad es el patriarcado o la supremacía masculina. El punto de vista marxista es que el problema principal es la explotación y la opresión capitalistas, que se discutirán directamente más adelante. Además, si bien la biología indudablemente influyó y le dio forma a la experiencia general de la opresión de la mujer en la sociedad de clases patriarcal, lo que principalmente le dio lugar a la opresión de la mujer fue el desarrollo de las relaciones de propiedad privada.

El feminismo socialista y marxista

Las rebeliones de 1960-75 representaron una explosión de la izquierda política después de años de aislamiento y represión gubernamental contra los disidentes. Para las feministas, después de una década de intensa presión gubernamental y mediática sobre las mujeres para que apreciaran el papel de ama de casa, subordinadas a su esposo, luego de los logros alcanzados durante la Segunda Guerra Mundial, fue una lucha de liberación que bien valió la pena librar.

La izquierda política de los EE. UU. comienza donde los liberales y el ala izquierda del Partido Demócrata terminan. En esta categoría están los socialdemócratas, los socialistas, los comunistas, varios radicales, los antiimperialistas y los anarquistas.

El ala izquierda del movimiento socialista y varios grupos comunistas abrazaron el marxismo, y varias formaciones feministas de orientación marxista estuvieron bastante activas en protestas durante la Segunda Ola. Entre estos grupos en ese momento se encontraban Radical Women (afiliado al Freedom Socialist Party), la Chicago Women’s Liberation Union, Bread and Roses en Boston, el Combahee River Collective y otros.

La principal crítica al marxismo por parte de algunas organizaciones feministas durante el período de levantamientos sociales fue que la teoría estaba mal equipada para luchar contra la opresión de género en ese entonces porque sostenía que la liberación de la mujer llegaría cuando se aboliera la sociedad de clases capitalista.

A esto se le llamó reduccionismo por “reducir” la opresión de las mujeres a un problema de clase que debía resolverse mediante una revolución anticapitalista. Marx argumentó a mediados de 1800 que la opresión de género se disolvería cuando la opresión de clase fuera derrotada. Y en realidad, tan pronto como los bolcheviques tomaron el poder en Rusia en 1917, y el Partido Comunista de China asumió el poder en 1949, ambos extendieron rápidamente los derechos de las mujeres. Las revoluciones socialistas en Corea, Cuba y Vietnam siguieron su ejemplo.

Hasta la década de 1960, las dos principales organizaciones comunistas de los EE. UU., el Partido Comunista y el Partido Socialista de los Trabajadores, tendían a subsumir la resolución de la “cuestión de la mujer” en la práctica a la de derrocar el capitalismo. Grupos marxistas más pequeños y más nuevos ya habían reconocido la necesidad de luchar por reformas para aliviar la difícil situación de las mujeres y de todas las personas oprimidas.

En febrero de 1970, las mujeres miembros de una de esas organizaciones comunistas, el partido Workers World, formaron un grupo de mujeres activistas y educadoras dentro de un grupo organizado por el partido llamado Juventud Contra la Guerra y el Fascismo. Las mujeres escribieron en ese momento: “Nuestro caucus está formado por mujeres negras, latinas, asiáticas y blancas. Somos trabajadoras, madres y estudiantes —homosexuales y heterosexuales”. Participaron en una multitud de actividades de mujeres y también “se educaron a sí mismas y, al mismo tiempo, elevaron la conciencia y la sensibilidad de los hombres de la organización hacia la opresión de las mujeres”.

Una dirigente del partido Workers World, Dorothy Ballan, escribió en 1970: “La lucha de las mujeres no está subordinada a la lucha de clases. Es en sí misma una forma de lucha de clases, especialmente si se lleva a cabo conscientemente contra la burguesía” (es decir, contra la clase capitalista que posee la mayor parte de la riqueza y los medios de producción de la sociedad).

Según la feminista de izquierda Barbara Epstein:

En la década de 1960 y a principios de la de 1970, la tendencia dominante en el movimiento de las mujeres era el feminismo radical. En ese momento, el movimiento de mujeres incluía dos tendencias más o menos distintas. Una de ellas se autodenominó Feminismo Socialista (o, a veces, Feminismo Marxista) y entendía la opresión de las mujeres como entrelazada con otras formas de opresión, especialmente la raza y la clase, y trató de desarrollar una política que desafiara todas estas simultáneamente. La otra tendencia se autodenominó Feminismo Radical. Las feministas radicales con R Mayúscula argumentaban que la opresión de las mujeres era primaria, que todas las demás formas de opresión fluían de la desigualdad de género. Aunque las alas liberales y radicales del movimiento de las mujeres diferían en sus prioridades, sus demandas no estaban muy divididas…

La visión feminista radical se estancó, desgarrada por el fraccionalismo y por intensos conflictos ideológicos sectarios. A finales de la década de 1970, un feminismo cultural, dirigido más a crear una subcultura feminista que a cambiar las relaciones sociales en general, había ocupado el lugar que antes ocupaba el feminismo radical… Por lo general, tal sectarismo ocurre en movimientos que están fracasando, pero en ese momento el movimiento de las mujeres era fuerte y estaba creciendo. El problema era la gran brecha entre la transformación social que querían las feministas radicales y la posibilidad de llevarla a cabo, al menos a corto plazo.

Creo que el feminismo radical se volvió algo loco por las mismas razones que gran parte del movimiento radical durante el mismo período. A finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, muchos radicales no solo adoptaron la revolución como su objetivo, sino que también pensaban que la revolución era una posibilidad real y cercana en los EE. UU. Diferentes grupos tenían diferentes visiones de lo que era la revolución. Había versiones feministas, negras, anarquistas, marxistas-leninistas y otras de la política revolucionaria, pero la creencia de que la revolución de un tipo u otro estaba a la vuelta de la esquina atravesaba estas divisiones. El giro hacia la revolución no fue en sí mismo algo malo; mostró una comprensión de la profundidad de los problemas que enfrentaba el movimiento. Pero la idea de que la revolución estaba al alcance de los EE. UU. en estos años no era realista [11].

Como Epstein indica, la creencia en una revolución casi inevitable generó un intenso entusiasmo por la organización, la militancia en las calles y las estimulantes discusiones teóricas sobre cómo se podría eliminar el patriarcado, cualidades que a menudo faltan hoy en día. Sin embargo, en la medida en que los revolucionarios desarrollaron un sentido poco realista de la revolución inmediata, esto hizo que el declive del movimiento fuera más difícil de soportar, lo que llevó a una decepción con el movimiento y desmoralización generalizadas.

La escritora, periodista investigativa y feminista Barbara Ehrenreich es una de las defensoras más conocidas del feminismo socialista, especialmente en su ensayo de 1976 “What is socialist feminism?”  El ensayo apareció en la publicación del movimiento socialdemócrata New American Movement, que era hostil a los partidos marxistas-leninistas. Escribió:

Tenemos que diferenciarnos, como feministas, de otros tipos de feministas y, como marxistas, de otros tipos de marxistas…

El problema con el feminismo radical, desde un punto de vista feminista socialista, es que no va más allá. Sigue paralizado por la universalidad de la supremacía masculina —las cosas nunca han cambiado realmente; todos los sistemas sociales son patriarcados; el imperialismo, el militarismo y el capitalismo son simplemente expresiones de la agresividad masculina innata. Y así sucesivamente… El problema con esto, desde un punto de vista feminista socialista, no es solo que deja afuera a los hombres (y la posibilidad de reconciliación con ellos sobre una base verdaderamente humana e igualitaria), sino que no considera mucho sobre las mujeres. Por ejemplo, descartar a un país socialista como China como un “patriarcado” —como he escuchado a las feministas radicales decir— es ignorar las luchas y los logros reales de millones de mujeres…

Como feministas, estamos más interesadas en las mujeres más oprimidas —las mujeres pobres y de clase trabajadora, las mujeres del tercer mundo, etc., y por esa razón tenemos que comprender y enfrentar el capitalismo. Podría decir que necesitamos dirigirnos al sistema de clases simplemente porque las mujeres son miembros de clases. Pero estoy tratando de sacar algo más sobre nuestra perspectiva como feministas: no hay forma de entender el sexismo tal como actúa en nuestras vidas sin ponerlo en el contexto histórico del capitalismo.

Ehrenreich continuó criticando a los “marxistas mecánicos” o “deterministas económicos” que ven el capitalismo estrictamente a través de un lente económico, mientras que “Nosotras, junto con muchos, muchos marxistas que no son feministas, vemos el capitalismo como una totalidad social y cultural. Tenemos espacio dentro de nuestro marco marxista para cuestiones feministas que aparentemente pueden parecer no tener nada que ver con la producción o la “política”, cuestiones que tienen que ver con la familia, la atención médica, la vida “privada” [12].

Escribiendo en Monthly Review en enero del 2011, el marxista Richard Levins señaló:

El feminismo es una influencia refrescante en el marxismo. Los primeros escritos feministas de los siglos XVIII y XIX, comenzando con Mary Wollstonecraft, pedían la igualdad de las mujeres y rechazaban cualquier justificación religiosa o biológica para la subordinación de las mujeres. A veces atribuían la supresión de las mujeres a una hipotética revolución patriarcal. Esta era una visión que se trasladó al marxismo clásico en el “Origen de la familia, la propiedad privada y el estado” de Engels, que se refería a “la derrota histórica mundial del sexo femenino”. El surgimiento del feminismo burgués [en la década de 1920] se utilizó para justificar el rechazo [de la izquierda] al feminismo como una desviación de la lucha de clases. Pero en la década de 1940, surgió un núcleo de mujeres protofeministas fuertes en el Partido Comunista de Estados Unidos, justo en el momento en que el macartismo dificultaba toda organización roja. Muchas de las pioneras del feminismo de la Segunda Ola en los Estados Unidos tenían raíces en los movimientos comunistas y socialistas y en los sindicatos.

El grupo marxista Combahee River Collective emitió una importante declaración sobre el socialismo y el feminismo negro en 1977:

Nos damos cuenta de que la liberación de todos los pueblos oprimidos requiere la destrucción de los sistemas político-económicos del capitalismo y el imperialismo, así como del patriarcado. Somos socialistas porque creemos que el trabajo debe organizarse para el beneficio colectivo de quienes hacen el trabajo y crean los productos, y no para el beneficio de los patrones. Los recursos materiales deben distribuirse equitativamente entre quienes crean estos recursos. Sin embargo, no estamos convencidas de que una revolución socialista que no sea también una revolución feminista y antirracista garantice nuestra liberación. Aunque en esencia estamos de acuerdo con la teoría de Marx, ya que se aplica a las relaciones económicas muy específicas que analizó, sabemos que su análisis debe extenderse más para que podamos comprender nuestra situación económica específica como mujeres negras.

Jane Cutter, feminista marxista posterior a la Segunda Ola y miembro del Partido por el Socialismo y la Liberación (PSL), dijo en una entrevista para este libro:

La gente todavía necesita escuchar voces que se preocupan por construir la unidad de clase. Esa es una de las contribuciones que hicieron las feministas de izquierda. Entendemos la unidad, no solo entre mujeres, sino también entre mujeres y hombres.

Nuestro movimiento no es un juego de suma cero, donde si alguien sale adelante, otro se queda atrás. Necesitamos rechazar las formas negativas y basadas en la vergüenza de tratar con los demás. Esto debilita un movimiento cuando los miembros tienen miedo de expresar sus opiniones y debatir las diferentes formas de avanzar. Muchas feministas de la Segunda Ola tuvieron debates animados y apasionados.

Creo que las mujeres deberían preocuparse por el socialismo. La base material de la opresión de la mujer tiene su origen en la sociedad de clases. No tenemos que remontarnos a la historia antigua para ver que los capitalistas se benefician pagándole menos a las mujeres, beneficiándose de nuestro trabajo no remunerado que es necesario para el mantenimiento de la clase trabajadora como conjunto. Muchas mujeres no tienen licencia por maternidad y tienen que volver a trabajar inmediatamente después de dar a luz. Las mujeres hacen sacrificios —trabajan a tiempo parcial, toman trabajos con salarios más bajos y horarios más flexibles para poder cuidar a sus hijos. Hacen el trabajo de cuidado de niños y el trabajo doméstico no remunerado para mantener a sus familias, de modo que otros miembros de la familia puedan trabajar y los niños eventualmente se conviertan en trabajadores. El sistema se beneficia de esto.

El feminismo negro

La mayoría de las activistas que se llamaban específicamente “feministas” en la década de 1960 eran blancas y de clase media [13]. Sin embargo, el movimiento para la liberación de la mujer se estaba organizando entre todas las razas, y las activistas publicaban los escritos de las demás, organizaban acciones y asistían juntas a reuniones, e influían mutuamente su pensamiento desde el principio.

Un gran número de mujeres negras apoyaron los objetivos del movimiento de las mujeres. En una encuesta Harris de 1971, el 60% de las mujeres afroamericanas dijeron que apoyaban los esfuerzos para fortalecer el estatus de las mujeres en la sociedad, en comparación con solo el 37% de las mujeres blancas. En 1972, en la primera encuesta que preguntó directamente sobre el movimiento de mujeres, el 67% de las mujeres negras dijeron que apoyaban la “liberación de la mujer”, en comparación con el 35% de las mujeres blancas [14].

Las mujeres negras tenían una relación compleja con el movimiento feminista, a pesar de estar entre las defensoras más entusiastas de la igualdad de las mujeres. Su liberación estaba obviamente ligada a la liberación de todos los negros, moldeada por una experiencia histórica común de opresión y resistencia nacional junto a los hombres negros, a pesar de que el legado de la esclavitud y Jim Crow afectó a las mujeres negras de manera particular. Tuvieron que lidiar con el sexismo dentro del movimiento de liberación negro y con el racismo blanco en el movimiento feminista. Las diferencias entre feministas heterosexuales y lesbianas también aparecieron en el movimiento feminista negro, con mujeres lesbianas asumiendo el liderazgo de segmentos prominentes del movimiento.

Las mujeres de color generalmente criticaban a las feministas radicales por sus elementos separatistas y por declarar una hermandad universal basada en sus experiencias particulares, lo que indicaba una falta de comprensión de las diferentes experiencias de las mujeres de diferentes razas y clases. También rechazaron la práctica de poner el género en primer plano, por encima de la clase o la raza [15].

Las mujeres blancas y negras pertenecían a organizaciones racialmente mixtas y separadas, y ninguna forma o punto de vista organizativo único podía reclamar la hegemonía dentro del movimiento o de cualquier sector particular de mujeres. También hubo caucus del Tercer Mundo dentro de organizaciones racialmente mixtas. En algunas de estas asambleas, los problemas de desigualdad económica y estratificación de clases se hicieron más prominentes [16].

Una de las primeras organizaciones feministas negras surgió del caucus de mujeres del SNCC, que se formó en 1968. Fusionándose con una organización de mujeres puertorriqueñas, se llamaron a sí mismas la Third World Women’s Alliance (TWWA), con una crítica anticapitalista tanto del movimiento de liberación negro como del movimiento feminista en gran parte blanco. Duró de 1970 a 1977, después de lo cual un número considerable se unió a organizaciones marxistas-leninistas.

La National Black Feminist Organization (NBFO), fundada en 1973, buscó combinar las luchas contra el racismo y el sexismo. A las acusaciones de que estaban socavando la lucha por la liberación de los negros, respondieron que representaban a más de la mitad de la población negra y que para que todos los negros fueran libres, necesitaban organizarse en torno a las necesidades de las mujeres negras. Entre los temas que destacaron se encontraban el trabajo doméstico, el bienestar, la libertad reproductiva y la situación de las madres solteras. La NBFO funcionó como organización nacional hasta 1977 [17].

El colectivo Combahee River Collective, mencionado anteriormente, fue fundado por Barbara Smith y otros en 1975, cuando el capítulo de Boston de la NBFO se separó del colectivo nacional. Con lesbianas negras en el liderazgo, el colectivo presentó una teoría temprana de la política de identidad que consistía en las identidades entrelazadas de género, raza y clase, se opuso al separatismo de segmentos del feminismo radical, negro y lésbico, y promovió la política de coalición. El colectivo se declaró socialista y pedía la destrucción del capitalismo y el imperialismo, así como del patriarcado, como requisito previo para la liberación de todos los pueblos oprimidos. Además, declararon que una revolución socialista también debía ser feminista y antirracista [18].

El feminismo asiáticoamericano

Las mujeres asiáticoamericanas formaron grupos de base en todo el país.

Muchas mujeres asiáticoamericanas se sentían marginadas dentro del movimiento feminista dominante. Lucharon contra los estereotipos y lo que sintieron era la falta de interés entre las feministas blancas en aprender sobre los temas de importancia para las mujeres asiáticoamericanas. Al igual que muchas feministas negras, las mujeres asiáticoamericanas enfatizaron la importancia de combatir el racismo y el sexismo, tanto en la sociedad en general como en el movimiento de masas, y en la promoción de los derechos de las mujeres en el contexto de sus propias comunidades [19]. Algunas de estas activistas establecieron el primer centro de mujeres asiáticoamericanas en Los Ángeles en 1972.

Las mujeres de clase trabajadora asiáticoamericanas lucharon contra los problemas de inmigración y discriminación en el lugar de trabajo. En la industria hotelera, por ejemplo, lucharon contra la brecha salarial entre los trabajos calificados mejor remunerados y los de limpiadores, lavaplatos y otros trabajos mal remunerados y menos visibles. A finales de la década de 1970, llevaron a cabo una acción laboral que duró dos años que logró obtener un aumento salarial significativo de la gerencia, así como trato más respetuoso de la gerencia [20].

El feminismo latino

Las mujeres de la comunidad latina también estaban luchando.

Trabajadoras agrícolas latinas, lideradas por Dolores Huerta y César Chávez, participaron activamente con United Farm Workers (UFW), que involucró a las mujeres desde su fundación en 1962. Estas mujeres enfrentaron múltiples opresiones: como madres, vieron a sus hijos sufrir de desnutrición causada por la pobreza. Sin embargo, tenían que trabajar para obtener ingresos para sus familias y, a menudo, tenían que llevar a sus hijos al campo a trabajar. En la casa, sufrían la dominación de sus maridos tradicionales, que afirmaban el derecho a gobernar la familia. Todo esto ocurrió en el contexto de la exclusión de los trabajadores agrícolas de la legislación laboral del New Deal que habría establecido mejores condiciones de trabajo, salarios y beneficios más altos. Las mujeres fueron fundamentales para organizar y ganar huelgas de los trabajadores agrícolas [21].

En 1971 se celebró en Houston, Texas, la First National Chicana Conference—La Conferencia de Mujeres por la Raza. Seiscientas jóvenes mexicoamericanas aprobaron resoluciones que afirmaban su derecho a una actitud positiva hacia el sexo; rechazaron a la Iglesia Católica como una institución opresiva; y pidieron la igualdad de las mujeres y los hombres en todos los aspectos. También exigieron el aborto legal gratuito y el control de la natalidad para la comunidad chicana, “controlados por chicanas”, lucharon contra los experimentos médicos no deseados y estándares dobles sobre el sexo, por el cuidado infantil a las 24 horas y por oportunidades para el avance político, educativo y económico. También buscaban igual salario por igual trabajo [22].

Las mujeres latinas en otras partes del país también lideraron luchas contra la esterilización forzada.

Las organizaciones revolucionarias y socialistas comenzaron a desarrollarse y organizarse también en las comunidades chicanas e inmigrantes, considerablemente a la izquierda de la UFW.

El feminismo lésbico

Las lesbianas han tenido una larga historia de activismo en el movimiento de las mujeres. A diferencia de otras activistas del movimiento, ser lesbiana en ese momento era ilegal y estaba marcado por el ostracismo público. Las leyes que prohibían los actos sexuales consentidos entre adultos del mismo sexo estuvieron vigentes en todos los estados hasta 1962. En algunos estados, incluso era ilegal usar la ropa del sexo opuesto. Solo en el 2003, la Corte Suprema, al derogar la ley de “sodomía” de Texas, dictaminó en esencia que todas esas leyes estatales violaban el debido proceso de consentimiento de los adultos [23]. La decisión de libertad matrimonial de la Corte Suprema no llegó hasta el 26 de junio del 2015.

Daughters of Bilitis (DoB), la primera organización de derechos de mujeres lesbianas, fue fundada en San Francisco en 1955 por cuatro parejas de lesbianas, con el objetivo de superar el aislamiento social y los prejuicios, y promover la igualdad, la educación, la investigación y cambios a los códigos penales en cuanto a la homosexualidad [24]. La DoB se describió a sí misma como “Una organización de mujeres con el propósito de promover la integración de los homosexuales en la sociedad” [25]. Duró 14 años, durante los cuales publicó una revista llamada The Ladder, que era un enlace de comunicación para muchas lesbianas. Varios lectores y miembros se unieron al levantamiento feminista a mediados de los años 60.

Los movimientos de masas dieron impulso al creciente movimiento por los derechos de las mujeres lesbianas y los homosexuales, pero incluso dentro del movimiento feminista, las lesbianas tuvieron que luchar para que sus preocupaciones fueran reconocidas. También tuvieron que luchar contra el movimiento de liberación gay dominado por los hombres, que marginaba a las lesbianas.

El movimiento de liberación de lesbianas y gays alcanzó un punto de inflexión con la rebelión de Stonewall, una acción histórica de lucha contra la represión policial en junio de 1969 en un bar gay en el Greenwich Village de Nueva York. Las redadas policiales contra lesbianas, gays, drag queens y personas transgénero eran comunes en ese momento, pero esa noche los clientes del Stonewall ya estaban hartos y hartas.

Noche tras noche, los clientes y sus aliados participaron en una lucha violenta contra la policía, ya que también buscaban lugares legítimos y legales para reunirse. La comunidad en general estaba dividida; hubo cierto apoyo, pero también rechazo y oposición hacia las personas que se consideraban marginadas de la “sociedad respetable”. Stonewall impulsó toda una generación de lucha, que no ha terminado hasta el día de hoy, y se ha conmemorado anualmente en marchas de Orgullo Gay en todo el país y asambleas de Orgullo Gay dentro de los sindicatos y la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales, llamadas “Orgullo Gay en el Trabajo”.

A medida que las feministas más liberales rechazaron el lesbianismo abierto, las feministas más radicales lo impulsaron en acciones y en una nueva teoría. NOW cambió su actitud hacia las lesbianas en 1971. Phyllis Lyon y Del Martin, fundadoras de la DoB, ahora eran miembros, y Martin fue la primera lesbiana elegida para su junta nacional. (Lyon y Martin también fueron la primera pareja del mismo sexo en casarse en San Francisco después de 50 años de compromiso.)

Radicalesbians, una organización de “mujeres identificadas como mujeres”, llamó a las lesbianas las verdaderas radicales feministas [26]. Consideraban que el lesbianismo era más una elección política que una orientación sexual predeterminada, una postura que fue cuestionada tanto dentro como fuera del movimiento feminista. Otras recurrieron al separatismo, no solo de hombres sino también de las feministas heterosexuales.

Algunas de las primeras lesbianas radicales veían a la heterosexualidad como clave para la sociedad y el patriarcado dominados por los hombres y creían que era necesario abrazar el lesbianismo para derrocar el orden social misógino y crear una sociedad más justa. También buscaron cambiar la cultura patriarcal, creando nuevas formas de lenguaje (“womyn”, “wimmin”) y religión (paganismo, adoración de diosas), así como participar en acciones directas creativas y audaces, fundando programas de artes y espectáculos y librerías para mujeres, y sentando las bases para nuevas teorías de género en la incipiente disciplina de estudios de la mujer [27].

Entre las primeras fuerzas creativas de este movimiento se encontraban las poetas Audre Lorde y Adrienne Rich; Barbara Smith, organizadora feminista socialista y cofundadora del Combahee River Collective; y la teóloga Mary Daly.

En conjunto, las activistas lesbianas contribuyeron con una energía y resolución significativas al movimiento feminista y, a su vez, fueron fortalecidas por el movimiento feminista más amplio. Desempeñaron un papel clave en la lucha contra la violencia contra las mujeres y por los derechos reproductivos; crearon centros LGBTQ en ciudades de todo el país para educación, eventos sociales y culturales y organización comunitaria; lucharon contra la discriminación en el ejército, en instituciones educativas y religiosas y en los negocios; impulsaron el reconocimiento de las parejas lesbianas, lo que condujo al movimiento por la igualdad en el matrimonio; y lucharon contra las leyes discriminatorias.

La teoría y el activismo feministas contribuyeron a la ampliación de las visiones de la identidad de género que continúan desarrollándose en el movimiento LGBTQ actual, que ha ampliado y desafiado ciertos aspectos del pensamiento feminista.

El feminismo laboral

A medida que el movimiento de las mujeres creció en la década de 1970, las feministas laborales temían que las preocupaciones de las mujeres pobres y trabajadoras estaban siendo ignoradas. Junto con las mujeres negras, las feministas de la clase trabajadora se encontraban entre las que diferían con las afirmaciones del feminismo liberal de hermandad universal. Con diferentes antecedentes de clase y raza, experiencias, relaciones y actitudes hacia los hombres, posiciones en sus comunidades y orientaciones políticas generales, muchas mujeres activistas rechazaban las afirmaciones del movimiento feminista dominante de que representaba a todas las mujeres. Muchas también rechazaban lo que veían como un movimiento que le daba poca importancia a las partes de cuidado y “autosacrificio” de la vida de las mujeres. En cambio, estas mujeres valoraban estos aspectos de sus vidas y querían que el movimiento las reconociera y valorara [28].

Al mismo tiempo, las mujeres de clase trabajadora, aunque a menudo excluidas de los relatos populares del movimiento de las mujeres, se inspiraron en el movimiento para abrir oportunidades para las mujeres en los oficios y otras ocupaciones no tradicionales. Como dice el libro Sisters in the Brotherhoods: “Se enfrentaban a obstáculos desalentadores para entrar en estas ocupaciones. En el trabajo soportaban un acoso implacable, a menudo cruel. También recibieron el apoyo de hombres que les enseñaron sus oficios y las ayudaron a navegar un territorio desconocido” [29].

Las mujeres individuales consiguieron trabajos como bomberas, carpinteras, electricistas, mecánicas y organizadoras sindicales. Fueron ayudadas por organizaciones como Nontraditional Employment for Women (NEW), que fue fundada en 1978 para ayudar a derribar las barreras de género en los trabajos comerciales sindicalizados calificados; CLUW y varios otros sindicatos [30]. En particular, el UAW y la UE se comprometieron a capacitar a las mujeres y abrir sus prácticas de contratación, negociaron beneficios para las mujeres y trabajaron para combatir el sexismo dentro del sindicato. Las mujeres sindicalizadas lucharon por la equidad salarial y por políticas que las liberaran del “día doble “, el segundo turno no remunerado de tareas domésticas y cuidado de niños [31].

Referencias

[1] Betty Friedan, The Feminine Mystique (Nueva York: W. W. Norton and Company, Inc., 1963).
[2] Linda Nicholson, ed., The Second Wave: A Reader in Feminist Theory (Nueva York y Londres: Routledge, 1997), 2.
[3] Nancy MacLean, The American Women’s Movement, 1945-2000: A Brief History with Documents (Boston, Nueva York: Bedford/St. Martin’s, 2009), 11-12, 66-69.
[4] Ibíd., 71.
[5] Lerner, Black Women in White America, 599 (ver cap. 4, n. 14).
[6] Ibíd.
[7] Feminist Majority.
[8] Nancy MacLean, The American Women’s Movement, 16-17; Christine Stansell, The Feminist Promise: 1792 to the Present (Nueva York: The Modern Library, 2010), 234-236.
[9] Nicholson, The Second Wave, 2.
[10] Stansell, The Feminist Promise, 222.
[11] Barbara Epstein, “What Happened to the Women’s Movement?” Monthly Review, Vol. 53, Número 1. Mayo de 2001.
[12] Barbara Ehrenreich, “What is Socialist Feminism?” Marxist Internet Archive, consultado el 22 de agosto del 2016.
[13] MacLean, The American Women’s Movement, 26.
[14] Jane Mansbridge, “How Did Feminism Get to Be?” American Prospect, 19 de diciembre de 2001, visitado el 22 de agosto de 2016.
[15] MacLean, The American Women’s Movement, 27.
[16] Mansbridge, “How Did Feminism Get to Be?”
[17] MacLean, The American Women’s Movement, 121-124.
[18] Zillah R. Eisenstein, ed., Capitalist Patriarchy and the Case for Socialist Feminism (Nueva York: Monthly Review Press, 1979), 362-372.
[19] MacLean, The American Women’s Movement, 142-146.
[20] Ibíd., 155-157.
[21] Ibíd., 19.
[22] Ibíd., 104-105.
[23] Ibíd., 11.
[24] Ibíd., 58-59.
[25] “Daughters of Bilitis”.
[26] MacLean, The American Women’s Movement, 101-103.
[27] Ara Wilson, “1970s Lesbian Feminism”, The Feminist Ezine, consultado el 22 de agosto del 2016.
[28] Cobble, Feminism Unfinished, 62 (Ver cap. 4, n. 17).
[29] “Sisters in the Brotherhoods“.
[30] Ibíd.
[31] MacLean, The American Women’s Movement, 8-9.

Este es un capítulo del libro Women Fight Back: The Centuries-Long Struggle for Liberation de Donna Goodman, publicado a través de Liberation Media y disponible para compra aquí.

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