La plusvalía es la lucha de clases: Una introducción

Apr 5, 2023

Foto: Trabajadores de Boston UNITE-HERE exigen que sus salarios coincidan con el valor de su fuerza de trabajo. Foto: Liberation News.

Nota del equipo editorial: Esta es una traducción del artículo “Surplus Value is the Class Strugggle: An Introduction“, puede encontrar la versión original aquí.

Introducción

La noción de que los ricos son ricos porque son frugales, inteligentes, emprendedores y trabajadores, y que los pobres son pobres porque son derrochadores, perezosos, estúpidos e irresponsables es una que está muy generalizada. Esta es la ideología de la meritocracia: que el éxito o el fracaso en la vida dependen de las decisiones del individuo. Esta ideología toma diferentes formas, como la idea de que la liberación negra solo se puede lograr a través del “poder adquisitivo de la gente negra”, según el reciente libro de Jared Ball [1]. Cualquiera forma que tome, esta ideología tiene el propósito de culpar a los pobres por su pobreza y a los oprimidos por su opresión. El sistema capitalista que produce ambas queda totalmente absuelto.

Lo interesante es que, aunque esta noción sea ampliamente aceptada, es fácilmente refutada. ¿Quién, después de todo, piensa que Donald Trump haya adquirido su riqueza usando su inteligencia? Es obvio que su riqueza no tiene nada que ver con su personalidad, sus características o méritos individuales. Por otro lado, ¿quién no conoce a personas inteligentes y creativas, tal vez incluso con títulos avanzados, que tienen trabajos con salarios bajos o que están desempleadas?

Marx fue el primero en descubrir y articular la fuente específica de la desigualdad bajo el capitalismo: la plusvalía. En una carta que le escribió a Engels el año en que publicó el primer volumen de El capital, Marx dijo que “la conceptualización de la plusvalía independientemente de sus formas particulares como la ganancia, los intereses, el alquiler de terrenos, etc.” fue uno de los “mejores puntos” del libro [2]. Pero hay algunos pasos que hay que tomar antes de que realmente podamos comprender la plusvalía, que es el verdadero motor de la lucha de clases.

Hay dos tipos diferentes de plusvalía: la plusvalía absoluta y la plusvalía relativa. En este artículo, nos enfocaremos en la plusvalía absoluta.

Paso uno: El valor es tiempo de trabajo socialmente necesario

En las dos primeras partes de El capital, Marx construye el marco lógico necesario para comprender la plusvalía. El primer paso es reconocer que las mercancías bajo el capitalismo tienen valores de uso y valores de intercambio. Deben tener alguna utilidad para la sociedad y poder intercambiarse entre sí. Más fundamentalmente, las mercancías capitalistas se producen no por su valor de uso sino por su valor de intercambio. Si hago una tarjeta de cumpleaños para regalársela a mi amigo, la tarjeta no es una mercancía; por otro lado, si hago una tarjeta para intercambiarla en el mercado, la tarjeta es entonces una mercancía.

El valor de uso de una mercancía es cualitativo y singular; es diferente para diferentes personas, en diferentes periodos de tiempo, etc. En otras palabras, la utilidad de cualquier mercancía cambia y puede tomar tantas formas como personas haya. El valor de uso de una mercancía también está vinculado a las cualidades reales de la mercancía, ya sea un objeto material, un servicio o cualquier otra cosa. La utilidad de la mercancía se deriva de algo esencial en ella e inherente a ella.

El valor de intercambio de la mercancía es cuantitativo y no proviene de ninguna cualidad inherente a la mercancía. Por ejemplo, un automóvil, un procedimiento médico y una acción pueden costar la misma cantidad de dinero, aunque obviamente cada uno es un producto muy diferente.

Un malentendido común en cuanto a la naturaleza del valor de intercambio y —del valor— es que son el resultado de la oferta y la demanda. Como discutiremos a continuación, la oferta y la demanda son importantes en el capitalismo, pero no explican por qué una computadora cuesta más que una impresora; solo el valor puede hacer eso.

Más fundamentalmente, sin embargo, Marx pregunta: ¿qué es lo que permite el intercambio de cosas cualitativamente diferentes? La respuesta es el valor. Toda mercancía no es solo el producto del trabajo, no es solo un valor de cambio y un valor de uso, sino que toda mercancía es también, y más fundamentalmente, un valor, que Marx define como tiempo de trabajo socialmente necesario.

Marx le llama al valor tiempo de trabajo socialmente necesario por dos razones. En primer lugar, es el tiempo promedio general que toma producir un producto básico. Si me toma dos días producir la misma mercancía que tú produces en un día, mi mercancía no es doblemente valiosa. En cambio, si somos los únicos productores de la misma mercancía, el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir nuestra mercancía estaría exactamente en el medio, en 1.5 días. En segundo lugar, es socialmente necesario porque satisface una necesidad o un deseo de la sociedad en ese momento. Si produzco una mercancía que nadie quiere, el trabajo encarnado en ella no tiene valor porque no hay valor de uso; es literalmente un “no valor”. Ambos aspectos del valor son dinámicos; cambian con el tiempo y de maneras que a menudo son impredecibles y difíciles de identificar en el momento.

Marx también define el valor de una mercancía como “trabajo humano en abstracto, el gasto del trabajo humano en general” [3]. La naturaleza dual de la mercancía —su valor de uso y su valor de intercambio— corresponde con la naturaleza dual de la fuerza de trabajo: el trabajo concreto y el trabajo abstracto.

El trabajo concreto identifica las diferentes formas de trabajo que producen diferentes productos o servicios, sean útiles o no. Por lo tanto, el programador de computadoras y el conductor de Uber están involucrados en formas de trabajo cualitativamente distintos. El trabajo concreto produce el valor de uso de la mercancía. Es el tipo de valor que podemos ver y que reconocemos.

Surge el mismo problema: ¿cómo equiparar e intercambiar formas de trabajo que son cualitativamente distintas? La respuesta es el trabajo abstracto. Si bien los diferentes procesos laborales producen diferentes valores de uso, al final del día, bajo el capitalismo, son intercambiables. En otras palabras, el trabajo abstracto como unidad de medida es una forma que ese trabajo adquiere. El trabajo abstracto es otra forma de decir “trabajo en general”. En resumen, el trabajo concreto produce el valor de uso de una mercancía, que, al transformar la materia prima, como en el caso del lino de un abrigo, es una encarnación del trabajo abstracto y la fuente del valor de intercambio de la mercancía.

Marx fue el primero en reconocer este carácter dual del trabajo bajo el capitalismo. El trabajo concreto es ahistórico y universal, en el sentido de que las personas siempre trabajan de maneras diferentes para producir cosas diferentes. Pero solo en la producción de mercancías bajo el capitalismo se abstrae o generaliza el trabajo. Mientras que los productos excedentes del trabajo concreto se acumulaban bajo el feudalismo, solo bajo el capitalismo la producción de valor de intercambio reemplaza a la producción del valor de uso y se vuelve, al menos en teoría, ilimitada. Al capitalista no le importa qué tipo de valores de uso se creen, siempre que puedan venderse. Los capitalistas buscan ganancias cada vez mayores (o rentas, pagos de intereses, etc.), todas las cuales son formas de plusvalía.

El trabajo abstracto no es solo un concepto o una idea, sino una realidad bajo el capitalismo. Por ejemplo, cada vez que nuestras habilidades y conocimientos son transferidas a la maquinaria, experimentamos la abstracción. Nuestro trabajo ahora queda abstraído de nuestros cuerpos y mentes. Esto es lo que sucede cada vez que nuestros trabajos o partes de nuestros trabajos son automatizados.

La idea clave es que el valor, como tiempo de trabajo socialmente necesario —como un promedio de tiempo de trabajo independientemente de sus diferentes formas de trabajo concretas— y como trabajo que produce productos útiles, es variable y dinámico. Está cambiando constantemente de maneras que ningún individuo puede controlar y que no podemos ver. Podemos ver un precio, pero no podemos ver su valor, o su uso para la sociedad o el tiempo promedio de producción. Además, debido a que el valor es dinámico, lo que se produzca hoy, podría ser inútil mañana. En ese caso, no tendría ningún valor absoluto.

Ahora tenemos una idea de lo que es el valor, pero ¿qué es la plusvalía y dónde se origina?

Paso dos: La búsqueda de la plusvalía en el intercambio

En nuestra vida diaria, los trabajadores se preocupan por los valores de uso; por adquirir productos útiles, las cosas que necesitamos para sobrevivir, y tal vez incluso divertirnos. Operamos en el circuito M-D-M (mercancía-dinero-mercancía), donde vendemos nuestra fuerza de trabajo (M) por un salario (D) y luego compramos otra mercancía (M). Al final del proceso, no terminamos con ninguna cantidad adicional de valor o de valor de intercambio.

El capitalista, sin embargo, está impulsado por la búsqueda de valores adicionales o valores de intercambio. Por lo tanto, la fórmula general para el capital es D-M-D, donde el resultado final es más dinero (que representa valor) de lo que fue invirtido originalmente. Para el capitalista, el objetivo de la actividad económica es adquirir más valor del intercambio. Sin embargo, ¿de dónde se origina este valor adicional?

Para los economistas políticos de su época —y aún para los de nuestra época— la respuesta se encontraba en el intercambio, o en el mercado. Marx mostró por qué esto no puede ser la fuente del valor adicional del capitalista.

La plusvalía no puede provenir del intercambio de dos mercancías de valor equivalente. Aquí, cada persona podría ganar en términos de valor de uso, pero no en términos de valor de intercambio o de valor. La plusvalía tampoco puede provenir del intercambio de mercancías no equivalentes. Si cambio algo con más valor por otra cosa con menos valor, no hay creación de valor. Es lo mismo con la venta de mercancías por encima de su valor: si te vendo algo por más de su valor, no he creado ningún valor nuevo, y simplemente obtuve más del valor existente en la sociedad a expensas de que tú pierdas valor en el intercambio. Marx, manteniéndose fiel a un sistema capitalista que funciona perfectamente, concluye su investigación:

“Nuestro amigo, ‘Moneybags’, que hasta ahora es solo un capitalista embrionario, debe comprar sus mercancías a su valor, debe venderlas a su valor y, sin embargo, al final del proceso debe retirar de la circulación más valor del que arrojó al principio. Su desarrollo en un capitalista adulto debe tener lugar tanto dentro de la esfera de la circulación como afuera de ella. Estas son las condiciones del problema” [4].

Paso tres: La “mercancía especial” que es la fuerza de trabajo

Por suerte para él, el señor “Moneybags” encuentra una mercancía cuyo valor de uso es la fuente del nuevo valor: la mercancía de la fuerza de trabajo. La gente siempre ha trabajado, pero, bajo el capitalismo, el trabajo es fuerza de trabajo, una mercancía (tanto concreta como abstracta).

Hay dos condiciones necesarias para que el trabajo tome la forma de fuerza de trabajo. La primera es que el trabajador debe ser capaz de vender su capacidad para trabajar por una porción de tiempo. La segunda condición es que el capitalista y el trabajador “interactúan sobre la base de la igualdad de derechos, con la única diferencia de que uno es el comprador y el otro el vendedor; ambos, por lo tanto, iguales ante los ojos de la ley” [5]. Entran en un contrato legal: yo te vendo mi fuerza de trabajo por cierta cantidad de tiempo por esta cantidad de dinero. El capitalista tiene el dinero, el trabajador tiene su mercancía, y ambos intercambiamos. Desde una perspectiva legal, no hay violación o imposición de la voluntad de uno sobre el otro.

Además, el trabajador tiene que ser obligado a vender su fuerza de trabajo. ¿Por qué trabajaría para otro si pudiera vivir bien o sobrevivir sin hacerlo? El trabajador, entonces, según Marx, debe ser “libre” de dos maneras: “el trabajador [es] libre, libre en el doble sentido de que, como persona libre, puede disponer de su fuerza de trabajo como su propia mercancía, y que, por otro lado, no tiene otra mercancía para la venta” [6]. Contrariamente a la propaganda capitalista, no existe una base natural o evolutiva de cómo exactamente se produce esta relación. Es un proceso histórico largo, sangriento y violento en el que el Estado burgués juega un papel central, y que continúa hasta el día de hoy.

El hecho de que la fuerza de trabajo sea una mercancía significa que tiene un valor de uso (que es una fuente nueva de valor) y un valor de intercambio (es intercambiable por un salario, por beneficios, etc.). ¿Cuál es, entonces, el valor de la fuerza de trabajo?

El valor es el tiempo de trabajo socialmente necesario, por lo que el valor de la fuerza de trabajo es el tiempo de trabajo socialmente necesario requerido para la producción y reproducción del trabajador para que el trabajador pueda sobrevivir y presentarse a trabajar al día siguiente y producir trabajadores futuros.

La mercancía de la fuerza de trabajo es especial, sin embargo, de dos maneras. Primero, es una mercancía que crea valor nuevo. Marx le llama a la fuerza de trabajo capital “variable”, mientras que se refiere a otras cosas como máquinas y materias primas como “capital constante”. Su valor está definido por los cambios existentes y en curso en sus respectivos tiempos de producción socialmente necesarios. Es solo cuando el trabajador los pone a trabajar, que los produce bajo el mando del capitalista, que su es puesto a trabajar. Este es capital constante porque su valor existente (o el tiempo de trabajo socialmente necesario requerido para su producción en el momento de la compra o más adelante en el proceso) es meramente transferido al nuevo proceso de producción y a la nueva mercancía.

La fuerza de trabajo también es especial, pero porque es parte de nuestros cuerpos, mentes, nervios, músculos, etc. El valor de la mercancía, entonces, está determinado por “necesidades naturales, como alimento, ropa, combustible y vivienda”, así como “el número y la extensión de sus supuestas necesidades, así como también los modos de satisfacerlas”, que cambian con el tiempo y son, en última instancia, el resultado de la lucha de clases o un “elemento moral” [7].

Por “elemento moral ” Marx quiere decir que una sociedad determinada tendrá ciertos estándares sobre cómo debe vivir la clase trabajadora, que están determinados por la lucha de clases. La clase capitalista lucha por disminuir las necesidades y deseos y lo que la sociedad crea que son las condiciones de vida aceptables para la mayoría, y la clase trabajadora lucha por aumentar las necesidades y deseos incluidos en el valor de su mercancía.

Paso cuatro: La tasa de plusvalía (o la explotación)

En esencia, entonces, el valor de la fuerza de trabajo es el valor de producir y reproducir trabajadores, o el costo de aquellos productos que se consideren necesarios para la supervivencia de los trabajadores en ese momento. Una vez más, esto está determinado por las luchas de clases pasadas y presentes, así como por la lucha de clases global. Los aumentos en el valor y el precio de la fuerza de trabajo no solo fueron el resultado de los sindicatos y otros movimientos obreros, sino que también se deben al surgimiento y crecimiento del socialismo a escala mundial.

Aquí, la distinción entre el valor de uso y el valor (o el valor de intercambio) de la fuerza de trabajo es crucial. Hay una diferencia entre los dos, y esa diferencia es la fuente de la plusvalía y el motor de la lucha de clases. Los trabajadores y los capitalistas quieren más del valor producido, y la lucha determina en última instancia la asignación de valor entre los dos grupos: los que poseen y los que trabajan. En el capitalismo, la forma monetaria que representa el valor de la fuerza de trabajo es el salario o el sueldo.

Durante una parte de la jornada laboral, o de la semana, o de la hora, o del minuto, el trabajador reproduce su propio salario. Marx le llama a esto “trabajo necesario”. Por el resto del tiempo, sin embargo, el trabajador produce únicamente para el capitalista. Marx le llama a esto “trabajo excedente”. La plusvalía es, por lo tanto, la tasa entre el trabajo necesario y el trabajo excedente. Si un capitalista me emplea durante 8 horas hoy, y yo reproduzco mi salario en 4 horas, entonces la tasa de plusvalía es del 50%. En otras palabras, la plusvalía es la diferencia entre el valor que se le paga al trabajador y, por otro lado, el valor total que produce el trabajador.

En otras palabras, la plusvalía es una tasa, de modo que incluso el conductor de Uber que trabaja un turno de 10 minutos produce el valor de su fuerza de trabajo y la plusvalía para el capitalista. La plusvalía toma diferentes formas, incluidas las ganancias, la renta, los intereses y más. El capitalista tiene que pagar el alquiler de los medios de producción o los edificios, pagarle a los bancos los intereses de sus préstamos, pagar impuestos, distribuir y vender sus bienes, etc. Pero estos detalles están más allá del alcance de esta introducción.

La tasa de plusvalía para el capitalista es la tasa de explotación para el trabajador. Al simplemente prolongar la jornada laboral, el capitalista acumula más plusvalía (absoluta). Aumentar la jornada laboral de 8 a 10 horas resulta en dos horas más de plusvalía para el capitalista y dos horas más de explotación para el trabajador. Por supuesto, hay límites a la duración de la jornada laboral, razón por la cual los capitalistas también persiguen la plusvalía relativa, que cubriremos en un artículo posterior.

Una nota adicional: Valor y precio

Marx fue el primero en descubrir los orígenes del valor y, por lo tanto, la plusvalía y el valor de la fuerza de trabajo. Sin embargo, no recibimos el valor de lo que producimos; recibimos un precio que es en teoría equivalente al valor de nuestra propia educación y capacitación, vivienda y electricidad, transporte y reproducción social, y otros costos necesarios para la producción y reproducción de nuestra mercancía.

Sin embargo, la distinción entre valor y precio es importante, y al menos deberíamos introducir algunas de las razones por las cuales este es el caso.

Primero, el valor es social: es el tiempo de trabajo socialmente necesario en las dos formas discutidas en el paso uno. En primer lugar, como un promedio del trabajo abstracto requerido para producir la mercancía y, en segundo lugar, como una mercancía que tiene una utilidad social. Ninguno de estos aspectos de valor es visible en un momento dado. Como cualquier relación social, aunque esté ahí, no siempre podemos localizarla por su dinamismo y complejidad. Los cambios en el valor circulan por encima de nuestras cabezas y a nuestras espaldas, como tienden a hacer las leyes del capital. El valor, por lo tanto, necesita una forma de representación: el dinero.

En El capital, especialmente en el Volumen I, Marx generalmente asume que todas las mercancías se intercambian a su valor (que es la forma en que puede demostrar que la explotación y la desigualdad son características estructurales del capitalismo). Generalmente asume que el valor es el mismo que el valor de intercambio. Al mismo tiempo, sin embargo, admite que no todo se intercambia a su valor. No le dedica mucho tiempo a esto, porque está, de nuevo, tratando de mantenerse en la lógica del capital, el esquema en el que el capital funciona de acuerdo con sus propias leyes. Sin embargo, solo yendo al corazón del valor, descubriéndolo como una relación social capitalista única, y un principio organizador de la sociedad (mientras estudiaba su evolución y potencial superación), Marx pudo hacer los avances políticos, teóricos y estratégicos revolucionarios que hizo.

Esto es lo opuesto a lo que los economistas políticos burgueses promulgaban, e incluso sus críticos como Proudhon. Cada uno de este grupo generalmente tomó las categorías y apariencias existentes del capitalismo al pie de la letra. Comenzaron con lo que podemos ver y nombrar. Marx hace lo contrario: pregunta qué vemos, por qué aparece como lo hace, cuánto cambia su apariencia con el tiempo, y qué le permite que aparezca así. No podemos ver el valor, pero podemos ver el precio. Es por eso que los economistas políticos burgueses siempre insisten en la oferta y la demanda. La oferta y la demanda son de hecho importantes, ya que pueden ayudarnos a discernir los movimientos en la utilidad social, cómo los salarios realmente coinciden (o más a menudo, no alcanzan) el valor de la fuerza de trabajo, y así sucesivamente.

Sin entender la distinción, no podemos entender la plusvalía y, en consecuencia, la explotación y la lucha de clases.

Consideremos la diferencia entre el precio o salario y el valor de la fuerza de trabajo. Cuando a los trabajadores no se les paga lo suficiente para sobrevivir, cuando el salario no cubre la vivienda, la comida, la educación, el agua y otros productos básicos que necesitamos, entonces el precio de la fuerza de trabajo está debajo su valor.

Por ejemplo, un informe de octubre del 2020 de la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (Government Accountability Office) concluyó que “Millones de adultos estadounidenses que ganan salarios bajos dependen de programas federales para satisfacer sus necesidades básicas, como Medicaid para atención médica y el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria para alimentos” [8]. Lo que esto significa es que, en efecto, el precio de su fuerza de trabajo está por debajo de su valor. Lo que realmente está sucediendo aquí es que el estado está subsidiando el capital al compensar (parte de) la diferencia.

Podemos determinar el valor del paquete de mercancías que representan el valor de la fuerza de trabajo en un cierto periodo de tiempo y ubicaciones definidas. Esto es lo que estudian y agitan las luchas por el salario digno. El costo promedio de vivienda, comida, transporte, energía, etc. en esta ciudad en este momento es X, pero el salario promedio es Y. Por lo tanto, tiene sentido —incluso dentro del marco capitalista y de acuerdo con la propia lógica del capital— aumentar el salario para satisfacer el valor de la fuerza de trabajo.

De nuevo, sin embargo, el valor no se puede ver, por lo que debe representarse de alguna manera. Con el trabajo, el precio de la fuerza de trabajo toma la forma de salarios, sueldos, beneficios, etc. Parece que trabajamos por un día o lo que sea que diga nuestro contrato y nos pagaron por eso. Pero solo recibimos una porción de lo que producimos. La forma de valor monetario oculta la naturaleza de la explotación. Los países socialistas han introducido otras representaciones de valor en un esfuerzo por colectivizar la propiedad sobre la riqueza social.

Hay, y ha habido, por ejemplo, algunos tipos de cupones que representan —y que se utilizan como— una reivindicación de los valores sociales (y Marx abordó esto en el segundo volumen de El capital) [9]. Marx reconoce que la ley del valor operaría bajo el socialismo, que es una etapa necesariamente transitoria —pero que las representaciones del valor serán fichas o cupones que no pueden funcionar precisamente como capital o como medio de explotación [10].

Conclusión: La plusvalía es la lucha de clases

No hay nada natural en la explotación, ni hay una duración “natural” de la jornada laboral. En su búsqueda para averiguar cómo se determina la duración de la jornada laboral, Marx consistentemente intenta seguir la ley de igualdad de derechos e intercambios, organizando un diálogo entre un capitalista y un trabajador sobre el valor de su fuerza de trabajo. El capitalista compró la fuerza de trabajo y, como resultado, la posee por un período de tiempo y, por lo tanto, debe tener el derecho de determinar cómo la usa:

“Como capitalista, él es solo el capital personificado. Su alma es el alma del capital. Pero el capital tiene un solo impulso vital, la tendencia a crear valor y plusvalía… El capital es trabajo muerto, que, como vampiro, solo vive de chupar trabajo vivo, y cuanto más vive, más trabajo chupa. El tiempo durante el cual el obrero trabaja, es el tiempo durante el cual el capitalista consume la fuerza de trabajo que le ha comprado” [11].

Cuando compro una mercancía –un libro, por ejemplo– tengo derecho a leerlo, almacenarla, regalarla, quemarla, lo que sea. Como propietario, tengo derecho a hacer lo que quiera con ella. De acuerdo con la ley de intercambios, el capitalista tiene un derecho similar. Los capitalistas quieren producir tanto valor como sea posible, para maximizar la utilidad de la mercancía que han comprado.

Pero el trabajador –que también basa su posición en la igualdad de derechos y en las leyes del intercambio– responde diciendo que “la mercancía que te he vendido difiere de la multitud de otras mercancías, en que su uso crea valor y un valor mayor que el suyo. Por eso lo compraste. Lo que para ti [el capitalista] parece una expansión espontánea del capital, para mí es un gasto extra de fuerza de trabajo”. Como resultado:

“Yo, como cualquier otro vendedor, exijo el valor de mi mercancía” y “lo exijo sin apelar de ninguna manera a tu corazón, porque en asuntos de dinero, el sentimiento no tiene lugar. Puedes ser un ciudadano modelo, tal vez un miembro de la Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales, y en el olor de la santidad para colmo; pero lo que representas cara a cara conmigo no tiene corazón en su pecho” [12].

Parece que estamos en un punto muerto. “Hay aquí, por lo tanto”, como escribe Marx, “una antinomia, derecho contra derecho, ambos igualmente sellados por la ley de intercambios”. ¿Qué rompe el estancamiento? “Entre la igualdad de derechos”, continúa, “la fuerza es la que decide” [13].

Marx revela que la lucha de clases, y no la ley de los intercambios, determina la duración de la jornada laboral, así como la diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor que la fuerza de trabajo produce para el capitalista. La lucha de clases está más allá de la ley y, en este caso, determina ley.

Tanto el capitalista como el trabajador tienen el mismo derecho, y el factor decisivo es la lucha por el uso de la fuerza de trabajo, el valor de la fuerza de trabajo y las condiciones de trabajo, las horas, etc. De eso se trata la lucha de clases bajo el capitalismo: elevar el valor de la fuerza de trabajo. La lucha socialista es la eliminación del valor y la mercantilización del trabajo.

Sin embargo, bajo el capitalismo, el valor de la fuerza de trabajo nunca puede equivaler al valor total de la jornada laboral, porque si ese fuera el caso, no habría plusvalía, por lo tanto, no habría ganancia. Ese es el límite del capitalismo.

Luchamos por el valor de nuestra fuerza de trabajo, así como por las formas en que el capitalista usa nuestra fuerza de trabajo: la intensidad, las condiciones y los horarios de nuestro trabajo, qué idiomas podemos hablar en el trabajo (o si podemos hablar en el trabajo), cómo podemos vestirnos en el trabajo, etc. Luchamos por mejorar las condiciones en las que trabajamos, la capacidad de decidir qué horas trabajamos, hasta qué punto tenemos voz en el proceso de producción, etc.

El capitalista hace lo contrario: el jefe quiere que trabajemos más rápido, en peores condiciones, con tan poco control o autonomía sobre el proceso de trabajo y sobre nosotros mismos como trabajadores. El capitalista quiere reducir el valor de la fuerza de trabajo lo más que pueda.

En esencia, lo que el capital quiere es fuerza de trabajo, pero la fuerza de trabajo es inseparable del obrero, de nuestros cuerpos, nuestras mentes, nuestros nervios y músculos. El capital no puede resolver esta contradicción, no puede eliminar la lucha de clases [14]. Solo las revoluciones socialista y comunista pueden, a través de un proceso complicado y altamente complejo y contingente, abolir la fuerza de trabajo, privándola de su existencia como mercancía.

En una famosa carta de 1852 a Joseph Weydemeyer, quien emigró de Alemania a los Estados Unidos y luchó en el Ejército de la Unión, Marx escribió que uno de sus descubrimientos más importantes fue que la “dictadura [del proletariado] en sí misma solo constituye la transición a la abolición de todas las clases y a una sociedad sin clases” [15]. El socialismo es la lucha por eliminar el valor, asegurando la dominación del valor de uso sobre el valor de intercambio (a través de diferentes formas de representación del valor, junto con diferentes estructuras legales erigidas sobre la nueva base de la producción y la sociedad). Solo eliminando el motor de la lucha de clases podemos eliminar las clases.

Bajo el socialismo, la propiedad privada de los medios de producción, de comunicación, de transporte y más sería abolida y no habría derecho a explotar a los trabajadores. Sin embargo, esto no significa que a los trabajadores individuales se les pague por el valor individual que producen cada día, minuto u hora. Todas las sociedades necesitan excedentes, Marx dice que esto es cierto a lo largo del tiempo. En los países socialistas, sin embargo, el excedente producido no se transforma en ganancia para el capitalista, intereses para los bancos, renta para el capitalista terrateniente o cualquier otra cosa.

El excedente es propiedad colectiva y se distribuiría de acuerdo a las necesidades de las personas: vivienda, educación, atención médica y más. También proveería para aquellos que no pueden trabajar o que estén jubilados. Los países socialistas necesitan excedentes para expandir y avanzar la producción, prepararse para sequías, inundaciones y pandemias y para defender sus revoluciones de la agresión imperialista en curso.

El objetivo del socialismo no es eliminar el excedente, sino abolir la plusvalía y, junto con ella, la mercancía de la fuerza de trabajo. La extensión y la duración a lo largo de la cual esto suceda es variada y dinámica y, en última instancia, no se puede predecir. Sin embargo, bajo los estados obreros, la clase trabajadora posee colectivamente los medios de producción, por lo que su labor es trabajo —incluyendo la mano de obra necesaria y excedente. No hay explotación porque el excedente producido no es apropiado y privado, para ser reinvertido para acumular más capital (por lo tanto, más explotación).

Ese es nuestro objetivo: eliminar la explotación y planificar la sociedad para que le provea  tierra y a todos sus habitantes. En otras palabras, nuestro objetivo es acabar con la lucha de clases y abolir su motor: el valor.

Referencias

[1] Jared Bola, The Myth and Propaganda of Black Buying Power (Cham, Suiza: Palgrave Macmillan, 2020); véase también Nino Brown, “Debunking the Myth Holding Back the Class Struggle: A Review of Jared Ball’s, The Myth and Propaganda of Black Buying Power”, Liberation School, febrero 16 2020.
[2] Karl Marx, “Marx to Engels in Manchester”, en Collected Works of Marx and Engels (vol. 42): Correspondence 1864-1848 (Nueva York: International Publishers, 1867/1987), 407.
[3] Karl Marx, Capital: A Critique of Political Economy (Vol. 1): The Process of Production of Capital, trad. S. Moore y E. Aveling (Nueva York: International Publishers, 1867/1967), 51.
[4] Ibíd., 163.
[5] Ibíd., 165.
[6] Ibíd., 166.
[7] Ibíd., 169.
[8] Government Accountability Office,  “Federal Social Safety Net Programs: Millions of Full-Time Workers Rely on Federal Health Care and Food Assistance Programs”, octubre 19 2020. Disponible aqui.
[9] Karl Marx, Capital: A Critique of Political Economy (Vol. 12: The Process of Circulation of Capital, trad. D. Fernbach (Londres y Nueva York: Penguin Books, 1885/1992), véanse especialmente las páginas 390-434. Es importante por varias razones, una de las cuales es aclarar la realidad de que el socialismo no elimina inmediatamente el valor, sino que cambia su representación de manera que le prohíbe convertirse en capital.
[10] Uno de nosotros ha sintetizado aquí algunos de los pensamientos de Marx sobre este asunto, señalando que Marx insiste en que “Sin embargo, alguna forma particular de representación del valor todavía tendrá que operar, porque así es como la sociedad obrera podrá ‘contar’ con los diferentes desembolsos de inversión requeridos para diferentes proyectos. ‘Con la producción social, al igual que con la producción capitalista’, por lo tanto, ‘los trabajadores de las ramas de la industria con períodos de trabajo cortos retirarán productos solo por un corto tiempo sin devolver otros productos a cambio’, mientras que aquellos ‘con períodos de trabajo largos continuarán retirando productos durante mucho tiempo antes de devolver algo’. Durante este tiempo, necesitarán recibir una compensación por el valor que están produciendo o producirán. Tal distribución de valor estará en contraste con la que opera en lo que respecta a los trabajadores que producen bienes que tienen un tiempo de rotación más corto. La propuesta de Marx aquí es que ‘los productores deberían receive recibir fichas de papel que les permitan retirar una cantidad correspondiente a su tiempo de trabajo de las existencias de consumo social’. Estas fichas, sin embargo, ‘no son dinero; no circulan’. Véase a Ford, Derek. (2017). “Making Marxist pedagogy magical: From critique to imagination, or, how bookkeepers set us free”. Critical Education, 8(9).
[11] Marx, Capital (Vol. 1), 224.
[12] Ibíd., 225.
[13] Ibíd.
[14] Es importante tener en cuenta que esta es solo una parte de la historia: que hay una gran cantidad de contradicciones que se derivan de esto, tanto en términos de estrategias capitalistas para aumentar el poder individual o colectivo como de estrategias obreras para aumentar el poder de los trabajadores y oprimidos. Sin embargo, es una parte fundacional de la historia.
[15] Karl Marx, “Marx to Joseph Weydemeyer”, en Marx-Engels Collected Works (Vol. 39): Letters 1852-1855 (Nueva York: International Publishers, 1852/1983), 62-65.

 

The colonial roots of Zionism

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